música

Dame tu aire.


Le apretaba sin hacerle daño. Se estremecía con delicadeza. Tenía frío. Conociéndola, habría repasado esta escena millones de veces pero la veía nerviosa. Le vibraba todo el cuerpo, y con él su mirada se clavaba en la esquina del viejo sofá. Se apoyó en mi abdomen, dejándose caer. Se regaló. Te digo yo que eres fácil, como tocarte y que me tiemblen las rodillas, me susurró.

La necesidad de decirte: he vuelto, idiota mía.

Los ojos españoles y las piernas de Oceanía a Dinamarca, y sin embargo te extraño más que nunca. Estúpidos recuerdos.

mi sujetador echa de menos tus labios al rozarlo con su piel.


Y todos decían que hacíamos una pareja perfecta. Hoy la pintura que dejé impresa en la punta de tu nariz hacía que tus ojos se oscureciesen por momentos y escúchame, te quiero más allá de aquel rojo magenta.

ML.

¿Qué más da que el mundo se caiga mañana? Hoy te tengo entre mis muslos, entre mis manos.ais, suspiro. Maldito amor. Malditos labios.

Miradas vacías.

Se podía oler el vapor de agua caliente que emanaba la mampara de la ducha. 
Sus tardes solían ser frías, casi sin azúcar en los labios ni aceite en las tostadas. A veces eran calladas y otras tormentosas. Solían ser apasionadas, carentes de palabras malsonantes e incluso sin vocales necesarias. Llenas de juegos encadenados con trampas y serpientes.

Uno entre pocos.

Más allá de lo físico, encuentro mi absurdo. Fácilmente me caracterizo por mi locura transitoria. No es más que las vacaciones de mi cerebro expuestas a un largo -muy largo- periodo de tiempo. Si cada cosa dicha en vano fuese relevante mi cordialidad jamas hubiese existido, y por lo tanto tu complicidad conmigo sería puramente real. No añoro algo que no existe, no se puede o eso (me) dicen. Pero cuando se trata de mí, todo vale. Más de lo físico, de un tú y de un yo, se encuentra mi absurdo.

Eres como un abrazo congelado

El cigarro se iba consumiendo a medida que el despertador seguía sonando, a medida que tu respiración aguda se iba dilatando. Siempre me han parecido especiales los días de lluvia. Las gotitas que se pegan en los cristales parece que compiten por quien es la que llega más rápido al Edén. Las cenizas dejaron marca en tu pijama. Las besaste como si fuesen mis labios. A pesar de ser lunes, la una del mediodía marcaba tu kronos plateado, el cual estaba en mi muñeca ahora -desde hacía 28 días, 2 horas y 36 minutos.
Aun así, parecía ser mucho más tarde. Las nubes embriagaban mi habitación -nuestrahabitación. Diría que mi último aliento se fue con las gotas de lluvia extrañadas en las alcantarillas.